
El partido comenzó con buenas sensaciones por parte del combinado cántabro, que tuvo varias ocasiones claras de gol. Se veía que lo que pasó contra el Honka en Finlandia era agua pasada y que éste era el Racing que nos ilusionaba a todos con poder repetir e, incluso, mejorar los números de la pasada campaña.
Pero enseguida llegaron las dudas de siempre. Llegaban al área rival, pero no remataban la jugada con un gol. Y entonces, en el minuto 40, el árbitro pita penalty y expulsión de Plasil (por una nueva normativa que dice que si paras el balón con la mano en una barrera es roja directa). Garay era el encargado de transformarlo, y todos los cántabros nos acordamos de la primera jornada de liga, cuando el defensa argentino falló un penalty contra el Sevilla. Ese error no debía repetirse, y menos hoy. Garay cogió carrerilla, chutó, y Ricardo lo paró. Pero el balón salió rebotado para que Garay, ahora de cabeza, volviera a rematar a puerta y Ricardo volviera a despejar, con ayuda de la defensa rojilla.
Entonces acabó la primera parte y parecía que todo se nos venía encima. Parece que no marcamos ni los penalties, decían algunos.
La segunda parte fue un rifi rafe entre los dos equipos, en el que tuvo las ocasiones más claras el Osasuna. Pero Valera, en el minuto 90 y tras un genial pase de Marcano, fue el que acabó con las ilusiones osasunistas y subió el ánimo de los cántabros.
Quizas no haya sido un gran partido, pero cuantas veces habremos jugado mejor y aún así hemos perdido. Está claro que prefiero jugar mal y ganar (aunque sea de penalty injusto en el último minuto) que jugar bien y perder.
No hay comentarios:
Publicar un comentario